|  |  |  | | | | | Elblogsalmon | | | | | | | | |  |  |  | | | | | | | Desde hace unos meses los enfrentamientos entre el gobierno de la nación y el Banco de España son una constante, llegándose a convertir en algo habitual. En esta ocasión, la institución que preside Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha criticado al gobierno en cuanto a la gestión de los recortes en el marco de la solución a la grave crisis fiscal que padece el país. En concreto se ha referido a que aunque el gobierno central ha emprendido duras medidas de ajuste y recortes presupuestarios, el comportamiento de las Comunidades Autónomas y los entes locales no va tanto en esa línea. Dejando entrever que tanto las autonomías, así como los ayuntamientos siguen gastando prácticamente lo mismo, o al menos no son tan austeras. Por lo que según Fernández Ordóñez, estas administraciónes de menor nivel constituyen el mayor riesgo para el cumplimiento de los compromisos presupuestarios fijados por Europa. Dejando a un lado si las ‘recomendaciones’ que ha aportado el Banco de España al gobierno son más o menos apropiadas, lo cierto es que desde que tuvo lugar el inicio de la crisis económica, el gobierno casi siempre ha seguido los pasos que le ha ido marcando, y lo mejor, es que esa estrategia le ha reportado grandes beneficios, en términos de estabilidad y confianza en los mercados. En esta ocasión, la división administrativa de nuestro país supone de nuevo un lastre para la gestión de la crisis. Con ello no quiero decir que un país que posea un gobierno central, administraciones autonómicas, y locales no sea el adecuado, aunque si ineficiente. Centrándonos en nuestro análisis, compartirán conmigo, que cada nivel administrativo tiene sus propios objetivos e inquietudes, y que a la hora de recortar gastos y presupuestos, su naturaleza les impide actuar de manera coordinada velando por unos objetivos comunes. En épocas de crisis, el riesgo que estas tensiones tienen sobre ciertos desequilibrios territoriales e incluso sobre el principio de solidaridad financiera entre regiones se acrecienta. Por poner un ejemplo, tras recortar el gobierno un 30% el prespuesto del Ministerio de Fomento, entre otros muchos más. Las autonomías se desentienden, y a su vez reclaman para sí mayores fondos, suben impuestos económicos dentro de su competencia fiscal, e incluso intentan que el Estado sufrague ciertos gastos que hasta ahora afrontaban, como por ejemplo el pago de la factura eléctrica de la autopista M-40 de Madrid, que hasta ahora abonaba la Comunidad de Madrid, y que ahora la reclama al gobierno central de la nación. Este tipo de diferencias a veces suponen un obstáculo insalvable para la cosecución de los objetivos de una nación, y en esta ocasión, la estrategia de barrer para afuera de las comunidades autónomas, lo está consiguiendo. Vía | Reuters En El Blog Salmón | El banco de España intenta apretar más las clavijas al gobierno Imagen | diezlopez 
| | | | | | | | | | | | | | |  |  |  | | | | | | |  Hacía tiempo que no hacía una reseña de un libro en el blog, ya la verdad es que ya era hora. Sin embargo esta vez no me decanto por una novedad, sino por un libro que tiene ya diez años. Se trata, ni más ni menos, de No Logo, escrito por Naomi Klein. Este libro nació con la intención de criticar a las marcas, por la tendencia que hemos visto en los últimos 30 años de separar lo que es la marca del producto en si. El libro relata como esto significa invertir mucho dinero en marketing y deslocalizar la producción, dejando paro en occidente y condiciones laborales de semi-esclavitud en los países en desarrollo. Por todo ello el libro es un símbolo del movimiento antiglobalización. No sé si muchos lectores se acordarán de que antes del 11-S hubo bastantes revueltas de este movimiento en reuniones de líderes internacionales. De hecho recuerdo a un diario español sacar en portada algo así como “La antiglobalización se erige como el movimiento del siglo XXI”. Menuda vista. El terrorismo lo cambió todo. Y este libro precisamente apunta en dicha dirección. El movimiento, sin embargo, se quedó en nada debido al terrorismo, que copó todas las preocupaciones de la sociedad y cerró filas entorno al sistema capitalista frente a las amenazas externas. El libro es anterior al 11-S, y por tanto no refleja esta nueva realidad, aunque un epílogo de la edición que he leído sí que recoge esto, pero es de principios de 2002 y creo que está algo desfasado. Es cierto que el libro presenta una situación que se está viendo en occidente. Las grandes marcas cada vez son más una idea, y la producción no es algo que les interese. Por ello subcontratan la producción a empresas en países en desarrollo que no tienen condiciones laborales aceptables. El libro presenta una visión muy pesimista, diciendo que al contrario de lo que pasó con Japón y Corea del Sur en los años posteriores de la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtieron en los grandes productores mundiales, ahora las condiciones laborales y la economía de los ciudadanos de los países en desarrollo no mejora. La visión que aporta, aunque algo extrema e idealista, me parece interesante. Debemos ser consumidores responsables, aunque esto es cada vez más difícil (¿cómo saber cuáles son las condiciones laborales de los fabricantes de los productos que compramos si casi todo lo que está a la venta se fabrica en países en vías de desarrollo?). Y expresa sus dudas sobre las bondades de la globalización, el marketing y las colaboraciones público-privadas. Creo que es un libro necesario de leer aunque se esté radicalmente en contra de lo que dice, ya que está muy bien documentado y no son simple opiniones sin sustento. Imagen | kalamita 
| | | | | | | | | | | | | | |  |  |  | | | | | | |  Hace justo un mes escribí sobre el fracaso de las políticas monetarias, y ahora es Joseph Stiglitz quien señala que “las políticas monetarias están llevando al mundo al caos”. Como señalé hace siete meses, la revaluación del yuan chino puede ser un boomerang, y ahora comienza a verse que la apreciación de la moneda china no va a servir para solucionar el desequilibrio de la economía global. Pase lo que pase, Estados Unidos seguirá teniendo un abultado déficit comercial porque es un país totalmente dependiente del consumo y muchos países estarán siempre dispuestos a vender con tal de tener los aún deseados billetes verdes. El problema del consumo es grave para Estados Unidos, y Stiglitz lo ejemplifica de esta forma: “Quizá empecemos a importar bienes textiles de Bangladesh y Sri Lanka, en lugar de China. Pero seguiremos importando de otros países, porque el problema básico en nuestra macroeconomía es que Estados Unidos ahorra muy poco. Nuestra tasa de ahorro doméstico llegó a ser cercana a cero. Ahora el ahorro personal está aumentando, pero el nacional no ha cambiado por el incremento del déficit público” Stiglitz critica la actual política monetaria que tienen Estados Unidos, Japón y Europa y duda de su aportación al crecimiento mundial y a la recuperación económica: “Hay mucha inestabilidad, y está causada en parte por la inundación de liquidez de la Fed y el BCE. La ironía es que la primera está creando todo este exceso de liquidez con la esperanza de que va a ayudar a revivir la economía de Estados Unidos. Y no sólo no está haciendo nada por nuestra economía, sino que está sembrando el caos en el resto del mundo”. Estas declaraciones fueron dichas poco antes de conocerse la reducciòn de la tasa de interés por parte del Banco Central de Japón al 0%, y de la inyección de liquidez que propinó al mercado monetario con 5 billones de yenes (60.000 millones de dólares) para evitar una apreciación de la moneda nipona. Como lo señalé en su momento, esta Devaluación del yen nos acerca a la Gran Depresión de los años 30. En El Blog Salmón l Cómo y por qué estamos en una guerra mundial de divisas, Aunque el FMI lo niegue, el mundo entró en una guerra de divisas Imagen l WEF 
| | | | | | | | | | | | | | |  |  |  | | | | | | |  Con el boom inmobiliario los precios de la vivienda han estallado tras alcanzar niveles jamás vistos. Muchos se hipotecaron a estos ‘precios excesivos’ bien por necesidad o bien porque tenían la convicción de que seguirían subiendo en un futuro. Lo cierto es que el precio de la vivienda está cayendo desde que comenzó la crisis, aunque esta ‘rebaja’ no está siendo todo lo sustanciosa que se esperase. Con esta situación encima de la mesa, la agencia de calificación Standard and Poor’s (S&P), ha estimado que el 8% de los hipotecados españoles, afrontan una deuda de mayor valor que el que posee la finca hipotecada en el mercado. Y además, dependiendo de la comunidad autónoma de la que se trate, muchos individuos han experimentado latentes pérdidas patrimoniales derivadas de este fenómeno. Ignoro como se han obtenido estos resultados, pero partiendo de la base de que el ‘grueso de las hipotecas’ se firmaron en el trienio comprendido entre los años 2005 y 2007, justamente los años en los que los precios eran más altos, me parece escaso ese 8%. Dejando esta discusión a un lado, sería importante realizar un análisis de cuánto ha caído el precio de la vivienda desde que estallara la crisis hasta el momento actual, y realizar una proyección de cómo estaremos de aquí a un año o tres. Si realizamos este ejercicio, y tenemos en cuenta lo que indican la amplia mayoría de los organimos estadísticos e instutuciones que se han pronuciado al respecto, deberíamos esperar que las viviendas en España experimentasen nuevas rebajas. Creo que la bajada media en el territorio nacional ha sido del orden de 20%, y ahora imaginen que fuera cierto que el ajuste no se hubiese producido de manera completa. ¿Qué pasaría con la gran mayoría de los que se hipotecaron en estos años de bonanza que ya han sufrido una pérdida del 20% y pueden perder otro 20% o incluso un 30%? La respuesta es sencilla, pero muy complejas sus consecuencias. Actualmente existen muchos grupos de interés, interesados en que los peores augurios no se se materialicen, pero el querer o no que acontezcan ciertas cosas no depende sólo del empeño que se le ponga, sino de la viabilidad o no que ello tenga. Me explico, actualmente la banca, las grandes inmobiliarias e incluso el propio gobierno de la nación, son los más interesados en que esto suceda. Pero si con la crisis se sigue agudizando la situación social y macroeconómica, esto no tendrá mas remedio que ocurrir. Por todo ello, este 8% es solamente el pico del iceberg, pero debajo tenemos a la gran masa gris que cada vez es más de carne y hueso. Vía | Cinco días En El Blog Salmón | Vender una vivienda rápido: ajustar el precio Imagen | tmgrupoinmobiliario 
| | | | | | | | | | | | | | |  |  |  | | | | | | |  Esta semana en nuestra serie de Conceptos de Economía analizamos el coste de oportunidad, un concepto que se puede aplicar a varias cuestiones, no solo en el ámbito de la política económica y el mundo empresarial, sino también dentro de las finanzas personales. El coste de oportunidad, también es conocido como el valor de la mejor opoción no realizada. Este término fue inventado por Friedrich von Wieser en su Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft (Teoría de la economía social) publicada en el año 1914. El coste de oportunidad entra en un mundo de limitados recursos y de muchas oportunidades disponibles. El coste de la oportunidad es aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión económica. Por ejemplo, si tenemos un presupuesto de 3 euros para elegir entre comprar chocolate o helado, decidamos lo que decidamos, tendremos un coste de la oportunidad. Si decidimos finalmente adquirir chocolate, habremos renunciado al helado y viceversa. Se basa en el principio de la rentabilidad esperada, y parte de que los agentes económicos racionales basan sus decisiones en base al coste o privación de recursos para conseguir la mayor rentabilidad. El coste de oportunidad en nuestras vidas El coste de oportunidad tiene una gran importancia tanto en las decisones sobre nuestro patrimonio, así como en las más personales. Porque siempre analizaremos nuestras deciones con el objetivo de obtener la mayor rentabilidad esperada. En el caso de las decisiones sobre nuestro patrimonio, el coste de oportunidad intervendría del siguiente modo. Supongamos que tenemos un gran terreno, y entre nuestras opciones barajamos construir una casa, o en cambio alquilarlo para obtener una renta. Si finalmente nuestra decisión consiste en construirnos una casa, el coste de oportunidad sería equivalente al valor actual de las rentas perdidas por no haberlo alquilado, además de los costes incurridos al haberla construido. En el ámbito de las decisiones personales, en muchas ocasiones se nos plantean situaciones en la vida en las que tenemos que elegir. Por ejemplo, supongamos que un sábado por la tarde tenemos la opción de ir al cine con nuestra chica, ver un partido de fútbol compartiendo unas cañas con nuestros amigos, o visitar a algún familiar. En la mayoría de los casos, cualquier individuo optaría por la opción que minimiza su coste de oportunidad. El coste de oportunidad en el mundo empresarial y la gestión privada Diariamente las empresas tienen que tomar decisiones de inversión y financiación, con las que intentan optimizar los recursos disponibles con el objetivo de maximizar su beneficio privado. Y por tanto tienen muy presente el concepto de coste de oportunidad a la hora de analizar las acciones a emprender. Un ejemplo sería el caso de una empresa con una buena posición de liquidez que se plantea adquirir unos terrenos. Supongamos que se plantea adquirirla con dinero en efectivo, o en cambio mediante un préstamo. Las empresas con mucha liquidez también acuden a la financiación con el objetivo de beneficiarse, entre otras cuestiones, del tratamiento fiscal de los créditos. En este ejemplo, una empresa que compra un terreno con efectivo, estaría incurriendo en un coste de oportunidad igual al valor actual de las degravaciones fiscales a obtener mediante la opción del recurso a la financiación. El coste de oportunidad en la política económica En muchas ocasiones, un gobierno como gestor económico de los recursos y bienes públicos, decide, o al menos debería hacerlo, sobre en qué gastar y cómo para maximizar los objetivos de la generalidad de los ciudadanos de su circunscripción administrativa, partiendo de la máxima económica de que los recursos son escasos. Este es un dilema similar al de ‘los cañones y la mantequilla’, es decir, en un simplificado ejemplo en el que un Estado tendría que decidir entre emplear más recursos en armamento (cañones) para defender sus fronteras ante posibles invasiones, y bienes materiales para la población (mantequilla). El gobierno, en teoría, apostaría por aquella opción que maximice la utilidad de sus conciudadanos. Eligiendo la combinación de cada ‘bien’ de cara a la consecución de este objetivo. Recientemente hemos analizado en estas páginas el debate en el que está sumido Argentina, en torno a la limitación del uso de los recursos naturales. Claro está que esta decisión tendrá repercusiones en cuanto al desarrollo económico de la zona. Desde este punto de vista, el coste de oportunidad sería la pérdida de riqueza derivada de esta decisión. Pero si analizamos esta cuestión desde el punto de vista de que esta decisión mejorará notablemente la sostenibilidad de la región, como con el desarrollo de las actividades turísticas, las conclusiones serán otras. Por lo que el análisis sería distinto en función de cuál sea nuestro objetivo de política económica. Conclusiones El coste de oportunidad nace y muere en la propia economía, ya que perdería su esencia si los recursos no fuesen limitados. Resumiendo, el coste de oportunidad en muchas ocasiones es objetivo (la mayoría de las veces en el mundo empresarial), pero en otras muchas ocasiones está lleno de subjetividad, como en el caso de la política económica y las decisiones personales, dependiendo de quién hace el análisis porque entramos en ‘juicios de valor’. Por ello, a la hora de valorarlo es muy importante tener presentes cuales son los objetivos que se quieren maximizar, y el valor que tiene para nosotros aquello que dejamos de ganar. Imagen | decadence 
| | | | | | | | | | | | | | |  |  |  | | | | | | | En estas páginas he hablado mucho de la importancia de los equipos y de su efectividad en los resultados de las empresas. Dentro de esto, la participación de los jefes es muy importante, aunque cuán importante es debatible. Si los jefes son líderes o solo están tendrá mucho que ver en los rendimientos de los trabajadores y, aunque es lo más fácil culpar a estos, se debería mirar mucho más en la dirección de la calidad de los jefes que a otras partes. Jefes centrados tienen impactos muy importantes en el desarrollo de la actividad de la empresa y de los trabajadores. El artículo vinculado nos analiza las características de los jefes y los elementos de lo que llaman el liderazgo centrado. En su análisis toman diversos enfoques de distintas disciplinas, como pueden ser el desarrollo de organizaciones, la biología evolutiva, la neurociencia y la psicología. Nos resumen los siguientes elementos del liderazgo centrado: - Sentido; entendiendo sus fortalezas y poniéndolos a trabajar al servicio de los objetivos que te inspiran.
- Enfoque positivo; adoptando una visión del mundo positiva y constructiva y convertir situaciones difíciles en oportunidades.
- Conectar; buscando conexiones y vínculos para crear comunidades más fuertes, dentro y fuera.
- Interación; interactuando y perseguiendo las oportunidades ocultadas por los riesgos.
- Entusiasmar; buscando formas de desarrollar y mantener la energía de tu liderazgo.
¿Qué os parece, tenemos jefes centrados a nuestro alredor? Por otra parte, ¿tenemos nosotros estas características, es decir, somos jefes centrados potenciales? Vía | McKinsey Quarterly (en inglés) En El Blog Salmón | El impacto de los jefes no es tanto como muchos piensan, No es tan importante trabajar duro y Los jefes no son tan buenos como ellos piensan 
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